domingo 29 de noviembre de 2009

Una orgía para los sentidos


¿Os ha pasado alguna vez con un disco? Ya sabéis, eso de que se acelere el pulso, se entrecorte la respiración, hasta suba el rubor a la cara de pura intensidad... A mí me pasa con cierta frecuencia cuando voy al teatro, pero no suelo tener sensaciones tan fuertes con la música grabada. Hace poco me ocurrió, y para mi sorpresa con una ópera que está entre mis favoritas y que además siempre me pareció el colmo de la intensidad en sí misma. Nunca pensé que se pudieran llevar aún más allá la sensualidad exacerbada, la embriaguez y el delirio que emanan de Salomé, de Richard Strauss, y sin embargo se puede. Lo hizo Herbert Von Karajan al frente de la Filarmónica de Viena. Y el resultado es de los que, una vez escuchado, marca para siempre.


Estaba yo escuchando Radio Clásica por casualidad, y dedicaban un programa a la gran Hildegard Behrens, soprano alemana que como sabéis falleció hace poco. Uno de los hitos de su carrera fue precisamente su interpretación de Salomé bajo la dirección de Karajan en el Festival de Salzburgo de 1977, así que comenzaron a sonar los principales fragmentos que canta la protagonista en la versión que ambos grabaron para EMI un año después. Yo no daba crédito a mis oídos. Adoro Salomé. Me fascina, más de una vez os lo he dicho, pero no me pasa como con otras óperas, de las que colecciono versiones. Desde que la descubrí quedé atrapada por el DVD que me la acercó (la hipnótica y decadente película de Götz Friedrich con la bellísima Teresa Stratas como protagonista y Karl Böhm a la batuta) y la versión de Erich Leinsdorf con una inconmensurable, inalcanzable, ultraterrena Montserrat Caballé en el papel de la princesa. Con esas dos versiones me bastaba y me sobraba... hasta la tarde de la que os hablo.


Salomé es la ópera sensual por excelencia... todo en su música es embriagador, aturde y subyuga como la propia obra de Wilde, no existe el aire puro salvo quizá cuando un violin de cristalina dulzura sobresale entre la amalgama turbulenta de sonidos perfumados para acompañar al Bautista. Todo es exceso, pasión, muerte, deseo, todo lo bañan los plateados rayos de esa luna cargada de malos presagios... La batuta magistral de Karajan ha sabido llevar toda esta tensión, toda esta fuerza, esta exuberancia sensorial, al límite de lo explicable con palabras. La música de Strauss cobra en sus manos una magnitud que sobrecogería si no emborrachara, que nos cortaría el aliento de admiración si no lo hiciera antes de placer. Un placer que sobrepasa el sentido del oído y se extiende a todos los demás, porque esta música deslumbra, sus aromas saturan, su voluptuosidad acaricia, y por supuesto se paladea el sabor amargo de la sangre... del amor.

Una versión, en suma, que si como yo no conocíais, no podéis dejar de escuchar, o mejor dicho de vivir, porque es toda una experiencia... y de alto voltaje. Os dejo con ese final de finales, uno de los más hermosos y sobrecogedores de la historia de la Ópera. Sirva también como homenaje a Frau Behrens y agradecimiento a un maestro, Karajan, que sin ser santo de mi devoción se ha ganado, a partir de ahora, un lugar en mi Olimpo particular. Porque el misterio del amor es más grande que el misterio de la muerte...

Vídeo de operalover9001

lunes 23 de noviembre de 2009

El Sabina más melancólico


Mira por dónde mi última adquisición discográfica no ha sido una ópera. El mismo día de su salida a la venta llegó a mis manos el último y esperadísimo trabajo de uno de los grandes, Don Joaquin Sabina, y como la ocasión lo merecía llevo unos días yendo con él a todas partes. Me gusta Sabina. No es mi cantautor favorito: el rey de mis altares es y será siempre el inmenso Serrat, como poeta prefiero a Silvio y como canalla a Krahe. Pero me gusta, y mucho. Un disco de Sabina es como una película de Woody Allen, los hay mejores y peores pero siempre es una buena noticia. En este caso, además, creo que es de los mejores.


El eterno crápula ha cumplido ya 60 primaveras, y está de vuelta de todo. Pero esta vez de verdad. Este disco destila melancolía y desencanto, y quizá por eso el rey de los ripios ingeniosos aparece más poeta que nunca. No falta su chispa, ni esas rimas inconfundibles que nos hacen sonreir cuando las escuchamos, y por supuesto los arreglos musicales son extraordinarios (lo cual se agradece porque su voz está aguardentosa a más no poder). Pero hay también frases de un lirismo conmovedor, canciones muy tristes y hasta muy tiernas, como las que le dedica a su hija (Ay! Carmela) o al poeta Ángel González (Menos dos alas). Un disco para escuchar despacio, una y otra vez, y disfrutar de las pinceladas poéticas, de su brillante e innegable talento, de esas metáforas tan sabrosas que nos alimentan el espíritu y la sonrisa irónica. El gran Sabina, más cansado pero más poeta.

Se me olvidaba... para que empecéis a saborear os traigo el vídeo del single (que no es ni de lejos la mejor canción del disco) y más abajo otro regalito... hasta ahí puedo leer. Que lo disfrutéis.


Vídeo de gustossencillosblog


domingo 22 de noviembre de 2009

Decíamos ayer


En parte ha sido la pereza, pero sólo en parte. El estado de ánimo, las circunstancias... y algo que os voy a confesar por primera vez, porque el otoño es tiempo de confesiones. En este rinconcillo se habla de todo, pero principalmente de Ópera. Os cuento las funciones a las que voy, los discos que me compro, os hablo de los cantantes que descubro... Amo ir a la ópera, amo las voces, aún cuando no sé leer una partitura ni distinguir una nota de otra, porque en el amor no se manda. Pero estos días, mirando hacia atrás, leyendo mis crónicas, me he sonrojado más de una vez, preguntándome cómo he tenido la osadía de hablar tan largo y tendido, de opinar una y otra vez sobre algo cuya ciencia desconozco por completo. Cierto es que, como dicen, el que avisa no es traidor, y de sobra sabéis que cuando hablo lo hago únicamente acerca de lo que siento porque no podría hacerlo técnicamente aunque quisiera. Pero con todo y con eso, las dudas me han atormentado un poco este tiempo... hasta qué punto tiene sentido... qué valor puede tener una opinión sobre este o el otro cantante cuando se basa exclusivamente en el escalofrío que me ha recorrido la espalda cuando su voz ha entrado en mis oídos... Sí, creo que más que ninguna otra cosa son estas dudas las que han callado la Verbena durante tanto tiempo.

Pero... y siempre hay un pero... resulta que también estáis vosotros. Vuestros comentarios, vuestras opiniones. Pensar, cuando vivo una noche mágica en el teatro, que os lo tengo que contar enseguida, cuando descubro un cantante que me emociona, que lo tengo que compartir con vosotros a ver qué opináis. Y entonces me doy cuenta de que es ese y no otro el objeto de todas y cada una de mis crónicas, y que por eso las escribo aunque no sean técnicas ni didácticas, aunque sean de una subjetividad escandalosa. Porque las cosas importantes no suceden del todo hasta que no las compartes.

Así que, verbeneros, creo que estaré por aquí un ratillo más... acaba de comenzar la temporada en el Real, hay un millón de voces maravillosas por escuchar, de finales tristes por llorar, de talentos por admirar, de discos por compartir... Y habrá que seguir hablando de Plácido, por supuesto.

El otoño es tiempo de confesiones. También de besos. Os echaba de menos.

Vídeo de teachertenor

sábado 15 de agosto de 2009

La Paloma

Vídeo de chenier24

lunes 20 de julio de 2009

Felicidades, Mr. Ripley

Te deseo toda la felicidad del mundo, que es poca para la que te mereces, y brindo porque sigas siendo el mitómano con que toda estrella sueña...

Vídeo de pianofixer898

martes 7 de julio de 2009

Demasiado pronto




Like a comet
Blazing 'cross the evening sky
Gone too soon

Like a rainbow
Fading in the twinkling of an eye
Gone too soon

Shiny and sparkly
And splendidly bright
Here one day
Gone one night

Like the loss of sunlight
On a cloudy afternoon
Gone too soon

Like a castle
Built upon a sandy beach
Gone too soon

Like a perfect flower
That is just beyond your reach
Gone too soon

Born to amuse, to inspire, to delight
Here one day
Gone one night

Like a sunset
Dying with the rising of the moon
Gone too soon...
Gone too soon


sábado 4 de julio de 2009

Y el misterio del amor es más grande que el misterio de la muerte...


Y la música de Strauss fue más grande que el pésimo montaje a que sometieron esta obra decadente y maravillosa que es Salomé. Eso, y la voz de Nina Stemme, espléndida en el papel protagonista. Hablo de la función del pasado 1 de Julio en el Liceu de Barcelona, a la que tuve el placer de asistir y de la que salí con un regusto amargo... sería la sangre. O el amor. O tal vez fuera el cabreo monumental que agarré tras contemplar cómo una de las óperas más intensas, apasionadas y turbadoras de la historia era vilipendiada ante mis ojos sin que nadie hubiera hecho algo por evitarlo. Porque una producción puede ser clásica, moderna, recargada, minimalista, explícita, críptica... pero en mi opinión siempre debe estar al servicio de la música. Usted, señor director de escena, sea quien sea, no es el protagonista aquí. Al menos no lo es más que Verdi, Mozart o Strauss. Usted no puede pretender hacer un discurso paralelo al de la ópera, al menos no si esto la perjudica o desvirtúa. El montaje de Guy Joosten, en mi opinión, perjudicó mucho la obra de Strauss. No porque la estética en general dejara mucho que desear (escena fea y pobrona) o porque los trajes enfriaran considerablemente un entorno que debe ser de todo menos frío. Ni siquiera son lo peor de esta producción su torpeza dramática y su antiteatralidad. Lo peor es que pulveriza literalmente el ambiente creado por Wilde y Strauss, que es la principal seña de identidad de Salomé. Ese clima opresivo, sofocante, misterioso, ese ambiente viciado de perfumes mareantes y deseos desbocados, de amor enfermizo y aleteos lúgubres y proféticos... Todo eso queda, en este montaje, a expensas únicamente de la música, que además debe luchar por prevalecer sobre todo lo que, en escena, le está llevando la contraria en una especie de vodevil rancio y acartonado.


Todo es pobre en este montaje, todo ralla el ridículo más irritante. El Bautista, Mark Delavan (cuya voz encontré con poco volumen para este papel), se pasea por la escena, aparece y desaparece, en lo que quiere ser una especie de presencia misteriosa y resulta un mareo aburridísimo. Herodes, caracterizado como Karl Lagerfeld (el brillante diseñador, convertido aquí en clown, quiere simbolizar algo como la ampulosidad vacua de la época actual, o vaya usted a saber qué otra sandez), da saltitos de acá para allá, le quita la silla a su opulenta mujer, la reina Herodías, la pecadora incestuosa, que cae de culo o hace eses y ríe a carcajadas, pasada de champán. Ambos parecen sacados de Matrimoniadas, y es una lástima, porque ninguno de esos dos personajes es un payaso y los dos fueron cantados de manera excelente por Robert Brubaker y Jane Henschel. El baile de Salomé, por supuesto, no es tal baile. Durante estos minutos de música sensual, la Lolita de Judea se pasea por debajo de la mesa (a lo que los comensales van lanzando gritos de sobresalto) y saca una cinta de vídeo que proyecta sobre una sábana, en la que Karl Lagerfeld ha grabado una película casera de la hija de Nina Stemme y Nina Stemme, alternativamente, cepillándose el cabello. Como lo oís. Cielos, sí, la venganza de Salomé, se ha invadido su intimidad, este Herodes borrachín y clown se ha excedido un poco en el pasado, cuántas cosas nos quieren decir, qué de significado, arte puro, talento a raudales. Salomé no baila, pero hay un vídeo casero en una sábana ¡y luego el proyector se vuelve hacia el público, en el colmo de la transgresión! Vivan las mentes brillantes.

¿Y el final? ¿Qué hay de ese crescendo magistral que culmina con la princesa besando la boca muerta de Jochanaan? Pues hay un grupo de gente, invitados a la fiesta y soldados-guardaespaldas, corriendo de un lado a otro del fondo del escenario al más puro estilo Benny Hill mientras Salomé se pregunta, en lo que es uno de los momentos álgidos de la ópera, por qué no grita el Bautista. El Bautista que, por cierto, también cruza la escena, como los muñecos de guiñol, mirando hacia atrás a ver si lo sigue el grupo de Benny Hill. Todo contribuye, ciertamente, a acercarnos al clímax de la obra. Clímax que se alcanza, pero sólo gracias a la genialidad de Strauss y a la interpretación magistral de Nina Stemme, porque es muy difícil hablar a una cabeza arrebatada de deseo sentada en una silla de plástico blanco sobre una mesa de salón de bodas de extrarradio urbano. Y porque cuando Herodes ordena que la maten, no sólo no lo hacen sino que aparece -sí, otra vez- el Bautista de detrás de una esquina y, con los acordes finales, se la queda mirando como diciendo "aquí estoy yo, porque he llegado". Tanto mensaje, tanta inteligencia y perspicacia me maravillan. Difícil mantener la emoción, pero ella lo hizo. Ella estuvo soberbia, a pesar de todo. Inmensa de principio a fin: gran voz, gran actriz, admirable dominio del personaje. Consiguió besar la boca de Jochanaan, como el director de escena ha conseguido que hable más de él que de la música. Sólo ahora me doy cuenta... sabía que si la mirabas así pasaría algo terrible.


Pero qué más da, la música de Strauss fue más grande, y a servidora se le erizó la espalda y se le llenaron los ojos de lágrimas con ese final, uno de los más intensos y hermosos jamás escritos. Sólo desearía que obras maestras como Salomé y cantantes de la talla de Stemme no vieran mermada su tremenda potencia artística y emocional por puestas en escena mediocres como esta de Joosten. Espero que en el Real, la temporada que viene, tengamos más suerte y podamos disfrutar de ambas cosas, si no con una producción brillante, al menos con una que no moleste. Por cierto que la orquesta del Liceu, con Michael Boder a la batuta, no sonó nada mal esta vez. Al César, lo que es del César.

Y no puedo terminar sin hablar de lo mejor de Barcelona después de su Mediterráneo, su pa amb tomàquet y esos baños del Liceu donde una se siente prima donna: Mei, Joaquim, Colbrán y una charla bebiendo Atrium sobre la Rambla... ¿qué más se puede pedir? Volver pronto, claro está.